jueves, 30 de junio de 2016



El tiempo ha muerto en una azotea.
La eternidad del ahora
salva todo el ayer
en el justo instante que se revela
inmutable
la propiedad de lo que amas.

Vine de más abajo que tu
de donde la vida olvidó
su destino de fuerza vibrante.

Trepo a otros aires
en un cuerpo de mujer
desnudo de verso.

El sol se pone en mis labios.
Huelo a puesta de sol
si el río ahoga una antigua zozobra
y la boca húmeda
se viste de puerto.

Entra la brisa en mis pulmones
y funda un paraíso de aire.
Y por mi sonrisa,
inexplicablemente inocente,
se asoma la inmortalidad
de una mirada,
toda piel.

Muere el tiempo en esta azotea
donde vuelo a mi.


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lunes, 20 de junio de 2016


ISLA DE FLORES  


En esta tierra donde no vivo
el árbol está conforme con su campo.
Hay una casa azul sin sombras
y la luz de madrugada refleja
ceremonias sin insomnios.

No tañen campañas de iglesia,
la fe se oculta en el silencio dulce
de una sonrisa que no volveré a ver.
Sonrío,
y se abre una verja recién pintada
de futuro blanco.

En Isla de Flores,
el tiempo entre lo verde
se desploma en la piel y en las entrañas,
ebrio por los orígenes.

Un viento suave, apenas una brisa cálida,
me ha llevado hasta tí
donde el lago arrulla en guiño de colores
el secreto último.
Ya no duermo mi muerte diaria.


(Inspirado en la fotografía de Miguel Morenatti;
mi agradecimiento por permitir su publicación junto al poema )

e





turo
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viernes, 17 de junio de 2016


Háblame del mundo
Háblame sin miedo
aunque la cellisca mutile con su luz
mi risa.
Ya purgué con lágrimas
la serendipia de mudos descubrimientos.
Solo podría abatirme
el desconocimiento 
del filo de tu boca.

Mis ojos buscan esa deseable bóveda
en la que arden tus palabras
calculadas
juiciosas
recelosas
temblorosas en el abandono
cuando bajas la guardia.

Los astros se agolpan para oír tu voz.
Tengo tu voz,
la única que escucha en noches de filandón
la destrucción completa de mi historia.

Son mis versos rehenes de la prudencia
mientras se abre una fosa en mi llama.
Quema mi poesía, inmutable, como tu sonrisa.

Una nueva lunación se asoma para cubrir tu pelo.
Tengo tu pelo,
el único que arropa en su humildad de plata
mi silencio.

Y tus manos.
Esas me faltan.
Háblame de tus manos
atrevidas
furiosas
alegres
fugitivas en la celeridad
de quien protege del incendio
sus entrañas.

Paseo ausente por la piel de mi patria.
Tus manos me faltan.
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viernes, 3 de junio de 2016

Mañana


Mañana,
cuando caiga esta piel de pájaros muertos
las plumas sin pretérito de un corazón nuevo
volarán hacia tardes de estío sin estrenar.

Cerraré de un golpe seco de cadera
la puerta del recuerdo
y con uno de mis dedos,
marchito de caricias postergadas,
la llave de la calefacción.

Aire fresco.
Saldré al patio 
para que el crepúsculo me corone
y colgaré de mi piel
los sueños que no se oxidan
ni precisan de inspección.

Se irán sin rumbo
la tristeza agria
las manos inseguras
los contornos pálidos
y bajo el pie
ya no esperará el hueco
de la impávida muerte.

Pisaré la sombra del terrible encantamiento
y entregaré mi desnudez con embeleso
a los carnales perfumes
que soplen a través de los árboles.

Viviré fuera del destino
entre los surcos que deja en su lecho
el agua de la fuente.
Y mi boca de mujer
cambiará bostezo por arrebato
para morder
la suavidad del tiempo.


#98Palabras Prestadas
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sábado, 21 de mayo de 2016



Otra vez tú, 
besando tristemente la febril penumbra
viviendo encerrado en una gota de tormenta.
Ya no hiere la espina de la disculpa
bisutería cosida a una boca sin brisa.
No hieren las flechas esquivas de la memoria
solo hay dolor en la venda que cubre los ojos de las estrellas.

Renuncias a lo más tuyo
con esa pena de abandonar lo que se ama
la ávida lengua que alumbra la cama.

Sin anillos, sin orgasmos, sin poemas
tu sangre se derrama por el escenario yermo de los peñascos.
Ya no habrá representaciones de cuerpos blancos
mas retumbarán en tus sueños como ecos
de un soberbio anfiteatro clausurado.

Viste y no creíste.
Y el ojo de dios se cerró
como el objetivo de una cámara.

Tu piel no renacerá 
en el milagro de la temblorosa hierba.
Nadie capturará ese instante, inefable;
un millón de años encapsulado en el alma.
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miércoles, 11 de mayo de 2016




Me gustaría explicar por qué mi cuerpo se detuvo en el suyo.
Diseccionar las emociones a lomos del tiempo
y liberar el segmento de extremas miradas.

Aún sangro
pero no he llegado hasta aquí
para tomar precauciones.

Mi cuerpo se detuvo en el suyo
porque su boca tapó el cartel
de propiedades en venta
y sacó uno a uno
los demonios de mi despensa.

Cuando me miraba
había una niña que se salvaba
una palabra que se fugaba y se casaba
una ciudad que aliñaba los cabreos con melaza.

Es porque sus manos
recogían mi corazón de las aceras
lo vestían de luz y le cantaban poemas.
Es porque jugó a ciegas
entre los estantes de la biblioteca
hasta encontrar mi risa olvidada.

Cuando me besaba
el Universo era la única cuesta de su espalda
dos lenguas desmayadas en una llama
la historia del mundo sin manzana.

Cuando me tocaba
la sangre era un rebaño de campanas
los soldados desenfundaban su munición de palabras
y el único cuerpo a cuerpo mortal
era el de su ombligo desafiando al mío.

Es porque entre sus piernas
tiré ropas y pena
y viajé libre y con lágrimas
al centro inmóvil de la ternura.

Aún sangro
pero no he llegado hasta aquí
para cerrar la herida.
La golpeo cada día
para conservar la huella de su paso.
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miércoles, 4 de mayo de 2016





En el ángulo imposible donde se ahoga el fracaso
me siento bajo la sombra de la luna
como la niña con ojos de tormenta
que se mira al espejo
y no se salva de la nada.

Vivo para saciar el infatigable fuego del vacío.

Me pongo mi traje de olas
y dejo que me hiera por exceso la hermosura.
Por el camino de las enredaderas
atravieso en silencio el puente
que da al océano
donde solo muere lo salado.

El silencio tiene tantos olores
que aceleran los deseos.

Quiero abrazar una mano
y correr sin piel
al rítmico placer del descubrimiento.
Salir del escondite y volver.
Y aprender de memoria
el cuerpo sosegado de la luna
y cantarle su canción a los infiernos
y reventar el verso.
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