sábado, 7 de noviembre de 2015



Que nunca se apague



Me veo con la edad de la primera vez
cuando el amanecer era un ejército de caricias
desfilando en tus manos.

Cansada de ver la sombra de mis pies viajeros
entre cuerpos de silencio,
llegué a ti por el camino más largo.
Por azar o por destino.
Sangrando a cada paso.
Mi amor sangrado.

No hay divorcio entre mi alma y mis recuerdos,
la razón o el desvarío, cuando respiro el antiguo bautizo
de nuestro aliento.

Una boda cada abrazo; tórrida ofrenda de ojos y labios.
Tú mi alimento, mi campo recién regado.
Tú mi sacramento sagrado.

Solemne en esta cima extiendo mis brazos.
A pesar de los años, sigo buscando despertares
en tus manos.

Te respiro, te melodio, te verso.

Es tu cuerpo y el mío un destierro bendecido,
un camposanto sin funerales ni sombrías
coronas de flores.

Entierro mis rodillas en esta tierra que huele
a tu dios inmarchitable. Y murmullo una plegaria
enredada en la hierba fresca de tu pelo:
que no se apague la luz, que nunca se apague. 

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viernes, 6 de noviembre de 2015










El precipicio de mis pupilas





El demonio ronda el precipicio de mis pupilas.
Soy mujer y a la luz me entrego
pero la luna se empeña en traerme un puñado
de estrellas herejes.

Beso al enemigo cada noche.
Me tienta, me acaricia y baña mis entrañas
de glaciales tinieblas.
Amo el recuerdo ausente de engaño
y la quemadura virgen del sexo.
En mi vientre bailaron paraísos de sabor
pero en mi corazón la lluvia huele hoy a azufre.
En mis piernas, la tentación ya no vence.
Los desalmados dioses la han repartido a pedazos
entre otros amantes sin nombre.
En mis manos no quedan paisajes. Se fueron
cabizbajos en busca de nueva sangre.
En mis labios se extinguieron mil velas escondidas.
Donde hubo hoguera quedan palabras de ocaso.
El demonio pisa tranquilo los restos.
Suenan violines triunfantes.
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martes, 3 de noviembre de 2015





Nuestra habitación




De nuestra habitación
recuerdo el verdor de tu boca
desafiando lanzas y tempestades.
Tus pestañas negras y tardías
recorriendo todas mis calles.
Las venas de tu cuerpo dibujando
besos, olas y flores.
Las manos ascendiendo como torres.
Recuerdo tu piel llameante arribando
en el tacto de mis mares.
Tus latidos, nubes de viento y sangre.
La música de tu pelo tarareando un horizonte sin tiempo.
En nuestra habitación éramos dioses enjuagando la niebla y las lágrimas.
Dos almas sin velos. Dos almas tan desnudas que marchitaban la soledad de los fantasmas.
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jueves, 15 de octubre de 2015





Tu boca


Tu boca es ese cielo caminante que esculpe las nubes de ámbar.
Nació acunando en voz baja las ruinas de un otoño sin savia
y vistió de rojo y prisas a una mariposa en jaula.

Tu boca regala caramelos a las dalias,
cautivas en los muslos de una pérgola despechada.

Entre el paraíso y el abismo se columpia el delirio de tu boca.
Se eleva festiva sobre campos de labranza
y desciende rendida a la alquimia de un cuerpo olor a alegría.

No hay dolor en la intención de tu boca.
Desnuda labios de manzana y dora las sombras de unas pestañas.

Tu boca es carne y cáscara. Destino y fábula.
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domingo, 11 de octubre de 2015


Tierra de cipreses



Ya no quedan flores en las calles torcidas de mi tiempo
ni risas con aromas verdes en este incrédulo vuelo de pájaros sin alas. Los frutos nacerán negros en el cálido túnel de mi vientre
y las estrellas infértiles vestirán de ceniza mi cama.

En esta eternidad que no deseo, ningún nombre coserá mis heridas.
Llegarán letras farfullando con hilo de seda dulces mentiras
y besaré en el viento sus pespuntes para que no oprima el sueño.

Olvidaré entonces la levedad del lenguaje y desplegaré
mi tienda, mi farol y mis telas en ese nombre ciego.
Mas llegará la noche ladeada, virgen de luna, a esta tierra de cipreses.
Y madurarán las penas falsas, el silencio innoble y los delirios de entrañas.

Ya no habrá vida. Ni muerte. 
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viernes, 9 de octubre de 2015



Mi corazón de cristal



Tengo un corazón de cristal que lame a medianoche la orilla
de mi cuerpo.
Se acerca a paso lento hasta el afónico latido de mi cuello
para tatuar claves y un cencerro.
Busca ávido en mi pecho un dios y la flor de un cerezo y encuentra un ataúd ...
y su hueco.
Bebe obcecado la leve inclinación del pezón apagado pero no halla vides en el vino amargo.
El corazón de cristal penetra impávido la humedad del origen del universo.

Impregnado de ebriedad, se agita en el voluble movimiento del viento.
No hay mutua redención en el acto pero dinamita con jazmines los escombros de mi pecado.
Sabe de condenas, y de rebajas.
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sábado, 3 de octubre de 2015


La confianza (pensamiento)

Desde niña ya me tachaba mi madre de ser demasiado confiada. Cosa rara teniendo en cuenta que ella diseccionaba la mirada de la gente. En éste mundo de máscaras, nunca elegí una. No me gustan los disfraces y hasta llevar demasiada ropa me resulta molesto. Prescindo de los accesorios.
Soy lo que suele llamarse" una saltadora al vacío", de ésas que no toman siquiera la precaución de extender una red. No hay un " por si acaso " en mi adn y no porque no me aterre como a todos lo desconocido, sino porque las reservas tienen ésa connotación de frialdad que no casa con mis manos.
Sé de la precavida fórmula "confianza por confianza" " amor por amor" pero nunca encajé bien ciertas estrecheces emocionales. O será quizá que la excitación de lanzarme y sentirme eterno instante domina mis neuronas.
Me gusta saborear despacio lo que me espera en el otro extremo aunque no pocas veces haya masticado kilos de tierra amarga.
Nunca fui de hacer maleta para éste viaje. Lo emprendí ligera de equipaje como Machado, con un poema, una canción y el alma adosados a la piel. Porque cuando la confianza, ésa frágil compañera de vida, se convierte en nube y en lluvia durante el salto, se evapora la fe.
¿ O es posible subir cayendo?
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