jueves, 15 de octubre de 2015





Tu boca


Tu boca es ese cielo caminante que esculpe las nubes de ámbar.
Nació acunando en voz baja las ruinas de un otoño sin savia
y vistió de rojo y prisas a una mariposa en jaula.

Tu boca regala caramelos a las dalias,
cautivas en los muslos de una pérgola despechada.

Entre el paraíso y el abismo se columpia el delirio de tu boca.
Se eleva festiva sobre campos de labranza
y desciende rendida a la alquimia de un cuerpo olor a alegría.

No hay dolor en la intención de tu boca.
Desnuda labios de manzana y dora las sombras de unas pestañas.

Tu boca es carne y cáscara. Destino y fábula.
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domingo, 11 de octubre de 2015


Tierra de cipreses



Ya no quedan flores en las calles torcidas de mi tiempo
ni risas con aromas verdes en este incrédulo vuelo de pájaros sin alas. Los frutos nacerán negros en el cálido túnel de mi vientre
y las estrellas infértiles vestirán de ceniza mi cama.

En esta eternidad que no deseo, ningún nombre coserá mis heridas.
Llegarán letras farfullando con hilo de seda dulces mentiras
y besaré en el viento sus pespuntes para que no oprima el sueño.

Olvidaré entonces la levedad del lenguaje y desplegaré
mi tienda, mi farol y mis telas en ese nombre ciego.
Mas llegará la noche ladeada, virgen de luna, a esta tierra de cipreses.
Y madurarán las penas falsas, el silencio innoble y los delirios de entrañas.

Ya no habrá vida. Ni muerte. 
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viernes, 9 de octubre de 2015



Mi corazón de cristal



Tengo un corazón de cristal que lame a medianoche la orilla
de mi cuerpo.
Se acerca a paso lento hasta el afónico latido de mi cuello
para tatuar claves y un cencerro.
Busca ávido en mi pecho un dios y la flor de un cerezo y encuentra un ataúd ...
y su hueco.
Bebe obcecado la leve inclinación del pezón apagado pero no halla vides en el vino amargo.
El corazón de cristal penetra impávido la humedad del origen del universo.

Impregnado de ebriedad, se agita en el voluble movimiento del viento.
No hay mutua redención en el acto pero dinamita con jazmines los escombros de mi pecado.
Sabe de condenas, y de rebajas.
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sábado, 3 de octubre de 2015


La confianza (pensamiento)

Desde niña ya me tachaba mi madre de ser demasiado confiada. Cosa rara teniendo en cuenta que ella diseccionaba la mirada de la gente. En éste mundo de máscaras, nunca elegí una. No me gustan los disfraces y hasta llevar demasiada ropa me resulta molesto. Prescindo de los accesorios.
Soy lo que suele llamarse" una saltadora al vacío", de ésas que no toman siquiera la precaución de extender una red. No hay un " por si acaso " en mi adn y no porque no me aterre como a todos lo desconocido, sino porque las reservas tienen ésa connotación de frialdad que no casa con mis manos.
Sé de la precavida fórmula "confianza por confianza" " amor por amor" pero nunca encajé bien ciertas estrecheces emocionales. O será quizá que la excitación de lanzarme y sentirme eterno instante domina mis neuronas.
Me gusta saborear despacio lo que me espera en el otro extremo aunque no pocas veces haya masticado kilos de tierra amarga.
Nunca fui de hacer maleta para éste viaje. Lo emprendí ligera de equipaje como Machado, con un poema, una canción y el alma adosados a la piel. Porque cuando la confianza, ésa frágil compañera de vida, se convierte en nube y en lluvia durante el salto, se evapora la fe.
¿ O es posible subir cayendo?
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sábado, 26 de septiembre de 2015



Insomnio

Alcanza la noche con sus capas desgastadas
en papeles acuosos, como insomnes puñaladas de pétalos y nenúfares sin palabras.
Se detiene en la boca de pespuntes, en el cuerpo de
constelaciones apagadas que se hunde en las aguas
de una trampa.
Busca la noche su paso.
Camina por verdes pupilas embalsamadas, 
atraviesa las porosas perfecciones del alma
y vuelve a los labios de pergamino de una esclava.
Sedienta, la noche traga desesperada los últimos flujos
de vida de las humedades secas de la piel postrada.
No hay acuífero que succionar en la cuenca ocular
erosionada. Ni pozos subterráneos que filtren lluvia a las termas
de unas llagas.
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Tu cuerpo

Es la plaza de abastos donde habito.
Con las yemas de mis dedos acaricio la textura firme del apio que, en ramillete, se doblega lánguido a la mirada. 
Recorro descalza, palmo a palmo, todas las calles de sabores. Pruebo la madura carnosidad del mango. Pero no tiene el azúcar de tu aliento.
Tengo hambre ancestral. Escarbo entre los puestos.
Mordisqueo la jugosidad de la sandía y su esencia cae en gotas avergonzadas sobre mi pecho que, estéril, las engulle.
Los vendedores me reclaman gritando los nombres de las frutas más exóticas: ¡durián , pitaya, tamarindo, tuna! Han apostado que uno de estos días alguno encontrará el género que me colme.
Les saco la lengua agradecida y chupo el jugo de una papaya injertada, bautizada con tu nombre.
Todo y nada me sabe a tí.
Busco en la sección de olores.
Mil plantas aromáticas desafían exultantes aquellas noches de invierno. Corro de puntillas , esperanzada, entre la hierbabuena, la albahaca, el tomillo y la canela.
Y sí, en ellas reconozco matices de tu boca, de tus manos, de tu ombligo y hasta de tus piernas. Ésas que huelen a arroz con leche de mi madre; ésas que se cruzan ansiosas hacia la mejor de las muertes cuando los ojos húmedos no entienden lo inevitable.
Es tu cuerpo, amor, sólo tu cuerpo, la hierba medicinal que no encuentro. El ungüento milagroso que empapa de azul las raíces de mis caderas.
Mañana, vuelvo al mercado. Por si acaso.
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A veces...





A veces el mañana es un evangelio marchito de labios ,
un silencio inefable que mutila el beso y el habla
y el alma grave de soledad gasta su última suerte
en un papel sin huésped.

A veces la tristeza recorre semanas en una cuerda floja,
un tiempo sin café, sin escalofríos ni ganas
y no hay dios que equilibre la caída sobre el luto
de una sonrisa alada.

A veces el amor es un lápiz agonizante,
un secreto de funeral gritando ternura entre palabras
y las manos ultrajadas apalean la elocuencia
del sonámbulo y la promesa de su madrugada.
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