domingo, 6 de marzo de 2016


Tratado para la eternidad

¿Para qué buscar la eternidad 
si se oculta en tu cuerpo extendido?
Leo tu ritmo desesperado,
huelo tu sangre de universo suficiente,
bebo el aire dulce de la paz en tu boca
y el misterio deja de ser efímero.
La vida sin años, eterna vocación de verano.
La piel generosa resume la existencia. Salva.
Solo hay muerte en tus palabras
-dizque, te amo-
y te respondo con la misma letra de tu canto
-machucas la perfecta imperfección de lo humano-.
Te propongo un trato.
Calla. Guarda tu voz recelosa de viejas canas.
Pide mi cuerpo; profánalo hondo de pecado
y no me niegues del tuyo nada.
Ni una gota de semen. Ni una gota de lágrima.
La postura más sabia del amor nos crea cada día;
en el silencio.
El sol se pone pronto. Inabarcable, inacabable…
mudo.
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Grietas

Hay grietas que rugen rabia y hoguera,
grietas de arquitectura terca
que gimen lastimeras como sexo en vela,
grietas que vociferan poseídas en una blusa entreabierta,
grietas que atruenan humillantes
ante el cimbreo de unas caderas.
Hay grietas de gastados compases que fermentan,
grietas de nidos de seda, de enredaderas de piernas,
grietas de llameantes tempestades
-criaturas sin juicio ni ánima-.
Y después...
después está la única grieta,
la de tu duda en mi carne,
por la que asoma la muerte,
la que mata hermosamente.
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domingo, 14 de febrero de 2016



Hojas secas


El silencio es un rugiente martillo de seda,
una guitarra que mira con sus ojos huecos.

Cierro la puerta del recuerdo.
Destierro para mi destino.

Aquí yace una mujer de confesada herida.
Nadie quiere mis huesos
cuando te sueño en versos doloridos.

Te reconstruyo miembro a miembro.
Y mi zozobra se ahoga en tu vientre pretencioso.

Un aroma de jazmín se reconoce entre mis dedos
abiertos antes a los milagros
cuando la tierra ofrecía pruebas 
que vencía ligera a lomos de tus labios.

No soy, sin embargo, en la vigilia
más que una arrugada margarita
en manos de un soberbio.

Me alimento de hojas secas,
cientos de esqueletos que cubren de yesca
la frescura del deseo.

La vida no es sino apetencia
que busca apoyar su hombro
en una nueva alegría.
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Una luz, una brisa, un suspiro.
Maté lo pequeño
por regresar a mi muchedumbre de hábitos sin gloria.
Yo, que del abismo fundaba un deseo
yo, que liberaba los cuerpos de sudarios
para velarlo todo
desde un pétalo a unos brazos.
Mi sangre se coagula en esta luna sin anillos.
Lamo el hueco de mi celda
donde las palabras suenan a lluvia.
Tiemblo.
La noche quiere amanecer
en el silencio rutinario en que ardo
y ni una legión de dioses puede aquietarme como tu olor
voraz de tierra mojada.
El viento medita
sobre el anhelo estéril de no morir
y yo muero por morir besando atropelladamente en la boca
a la primavera.
¡Cómo se amaban nuestras risas de amapolas!
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sábado, 30 de enero de 2016


Entro en ti

Entro en ti,
en tu isla mansa de ahogos
con el alma ilesa cuando callo la niebla.

Un estribillo de gaviota recuerda
que soy vela
que soplan nítidos vientos de gloriosa danza
que el légamo de la playa guarda en su vientre de arena
siglos de soledad.

Me anclo en tu latido nómada
y reinas en mi pecho, salobre de tu marea.
Nací para un deseo con sabor a sal horizontal.
Lo olvidé, amor, antes de ti
y me entregué a la orilla inútil que no preña.

La boca quiere boca.
El sexo, tu hondo mar.

Mi último rumbo no surca medianías.
Entro en ti, lo juro, sin memoria.
Atalaya de tu aliento.


(Edición 89 Palabras Prestadas)
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martes, 26 de enero de 2016



Se me borra el olvido
y todas las noches lamo tu retrato. 
Me tiendo sobre un lecho de barro,
la carne libre,
amante indulgente bajo la luna de marzo.
Ante tus ojos me saco los clavos
y grito al cielo : ¡ quémame en tu abrazo!
no quiero la azul serenidad de tu canto.
Mi sangre yacente sube a tu recuerdo.
Llama febril a la muerte. Pero no abre.
Como si morir no fuera ser piel
y convertirte en deseo inacabado.
Tú, como dios, nunca llegas a tiempo
al lugar de mi esperanza.
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martes, 19 de enero de 2016


Bajo su peso

Nada era sombrío
bajo su peso.
La piel se pintaba de olas.
Nunca inerte.
Y el tiempo, una eternidad con eco.
Al filo del precipicio
se asomaba en un beso.
Fosa de melancolía.
Diaria muerte.
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